Los Expedientes Secretos X
Combate al Futuro
Los Expedientes Secretos X en Celuloide
La Guía más completa para entender por qué debes pagar por algo que puedes ver en la tele.
Por Gustavo Moreno, con Vera Anderson en Hollywood.
Cine Premiere Número 47 / Agosto 1998
Expediente 1: El gobierno niega tener conocimiento

"El padre espiritual de Fox Mulder es Carl Kolchak", dice Chris Carter, refiriéndose al solitario reportero cazador de conspiraciones gubernamentales, brujas, monstruos pantanosos (e incluso aliens), a quien nadie le creía nada de lo que escribía, en la serie de culto Kolchak: The Night Stalker. "La idea del hombre que desea compartir con el mundo los fenómenos que atestigua, pero nadie le hace caso, me dio la clave para inventar el universo de Los Expedientes Secretos X". Carter, incluso, reconoció tal influencia creando el rol de Arthur Dales, un solitario ex agente del FBI que en la "fantasía paralela" del programa inició los Expedientes X en 1852, interpretado por Darren McGavin, protagonista de Kolchak.
Pero a diferencia de aquella serie de los setentas (que originalmente no rebasó los 20 capítulos, aunque en la actualidad es muy popular en el Sci-Fi channel), Los Expedientes secretos X, protagonizada por una joven y atractiva pareja de agentes federales con I.Q. muy por encima de la media, vino a causar un revelo en los noventa que no se veía desde los días en los que reinaron títulos como Dimensión Desconocida, El Santo, Viaje a las Estrellas, Starsky & Hutch, El Hombre Nuclear, o más recientemente, Los Simpson y Twin Peaks.
Periodista Free-lance durante más de una década y editor de la revista Surf!. Carter entro al mundo del espectáculo en 1985, cuando Jeffrey Katzenberg, entonces presidente de Disney, impresionado por un guión dramático que había escrito, lo invitó a desarrollar proyectos televisivos como Cameo by Night, Rags to Riches y Brand New Life. "La gente piensa que soy una especia de nerd lunático que conoce todo lo relativo a la ciencia ficción. Se sorprenderían al conocerme y descubrir que no soy ningún paranoico, ningún chiflado, sino un tipo completamente ordinario, como cualquier hijo de vecino", dice Carter. En 1992, el ya experimentado productor se mudaría a Twentieth Century Fox y participaría activamente en la creación del nuevo canal televisivo del estudio, donde Los Expedientes Secretos X, verían la luz en 1994.
Enmarcado inicialmente en los terrenos de la ciencia ficción, el programa escapó rápidamente a cualquier clasificación cuando el tema OVNI empezó a ser aderezado con psicópatas de carne y hueso, agentes dobles y bizarras conspiraciones gubernamentales que poco a poco fueron conformando una mitología que se volvería objeto de culto para millones de espectadores. En suma: un híbrido de ciencia ficción y relato fantasmagórico clásico, con algunos destellos de Dickens y paranoia a la Oliver Stone.
Sarcástico, alegórico, incluso deprimente en ocasiones, el programa debe gran parte de su éxito a no haber cedido a la trama romántica. Aunque muchísimos espectadores esperan con ansia el momento en que Mulder y Scully se den un beso, y si bien la relación entre ambos ha crecido a niveles en extremo personales, su interacción continúa siendo estrictamente profesional. Mulder piensa que todos fenómenos paranormales son posibles, impulsado por la creencia de que su hermana fue secuestrada por extraterrestres siendo él niño, mientras Scully cuestiona lo desconocido, intentado de explicarlo de manera racional y por medios científicos, debido a su entrenamiento como doctora (aunque esta característica del personaje ha evolucionado a otros bares en capítulos más recientes).
"Soy escéptico por naturaleza -dice Carter-. Me describo como una persona no religiosa en busca de una experiencia religiosa. Así que soy como Mulder, que tiene ese póster en su oficina que dice "Quiero Creer". Realmente tengo el deseo, como creo que todos lo tenemos, de encontrar una razón para creer, de poner a prueba nuestro escepticismo, o de lo contrario, afirmar nuestras creencias".
Sobre la ambigua relación entre Mulder y Scully, Carter comenta: "Para mi, las relaciones amorosas más conmovedoras son aquéllas que nunca se concretan o consuman, aquellas de las que ni siquiera se habla. Así que quise que estas dos personas inteligentes trabajaran juntas y se entendieran bien. En medio de la pasión que comparten por su trabajo, se anida una tensión sexual natural que funciona sin besos ni palabras cariñosas. Es un nivel de amor sumamente especial."