Sin ti

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Sin ti

Notapor sra_delfantasmal » Vie Oct 14, 2011 7:24 am

El siguiente es un post del capítulo Without (8x02)

Sin ti
Autor: Señora del Fantasmal (pipermaru)
Disclaimer. Los personajes presentados son propiedad de la FOX, de la 1013, y de su creador Chris Carter.
Tipo: Angst, post- episodio, MSR
Spoilers: Post Without, Requiem, Within, Memento Mori, Christmas Carol
Dedicatoria: Quiero dedicar este fanfic a mi nueva primita Fernanda, gracias por formar ya parte de nuestras vidas. Te quiero mucho mi princesa. También quiero agradecerle a mi querida amiga Tania, por ayudarme siempre con las partes médicas de mis relatos.


***

Scully no se resistió cuando Doggett la levantó del suelo y la apoyó sobre su pierna. No tenía la fuerza para hacerlo. No pudo contener un segundo más los sollozos que empezaron a estremecerla y se cubrió el rostro con las dos manos avergonzada. Doggett era la última persona que quería que la viera llorando. Deseó que fuera otro el hombre que la estuviera abrazando en ese momento, pero ése hombre era la razón por la que se estaba desmoronando. Había viajado hasta Arizona esperando hallarlo, pero tendría que regresar a la capital sin ninguna pista. A excepción de Skinner, que había presenciado el rapto extraterrestre de Mulder, nadie dentro del FBI quería escuchar sobre platillos voladores y abducciones. John Doggett era el enviado a investigar su desaparición, pero Scully no comprendía cómo podría hacerlo sino buscaba en la dirección correcta. Sabía que él no estaba de su lado, y lo irónico de la situación era que fuera él quien ahora la abrazaba mientras lloraba. Quería gritarle que la soltara, sin embargo, lo único que salía de su boca eran sollozos. Se odiaba a si misma por no poder evitarlo.
Recién ahora podía sentir en toda su dimensión el impacto por la desaparición de Mulder. Después de pasar un día entero en el desierto de Arizona, tratando de encontrar algún rastro que la llevara a su compañero, se había confirmado lo que ya sabía: nadie realmente tomaba en serio esta búsqueda. La mayoría pensaba que Mulder había decidido huir, llevando consigo archivos pertenecientes al FBI. Creían que su desaparición había sido planeada y ejecutada por el mismo, que formaba parte de su cruzada para una vez más tratar de poner en descubierto los secretos del gobierno. Verlo esa mañana escapando de los agentes que lo buscaban, no había ayudado a que desestimaran su teoría.
Scully sabía que entre los agentes que participaban en esta misión, se encontraban algunos infiltrados, los mismos que habían participado en el rapto de su compañero, y que tenían la capacidad de transformar su rostro en el de cualquier persona, y eran ellos los que ahora trataban de sabotear la investigación, sembrando pistas falsas, incluso transformándose en su compañero perdido para hacerlo quedar mal. Era difícil para Scully poder confiar en alguien. La única persona que estaba de su lado era Skinner, pero a veces tampoco era fácil confiar en él, sabiendo que en cualquier momento, alguien adaptando su apariencia física podría intentar engañarla, como acababa de ocurrir. Scully se le había acercado y él aprovechó para agarrarla del cuello, y arrojarla contra los cristales del cuarto de hospital. Haciendo un último esfuerzo, se había levantado y disparado a su agresor en la nuca, haciéndole sangrar una sustancia verde tóxica que Scully había visto antes. Luego se dejó caer al suelo y en ese instante se rompió, pero no por el dolor físico que sentía, sino porque sabía que muy probablemente Mulder no regresaría su lado. Y ella lo necesitaba, desesperadamente.
Inmersa en su ataque de llanto, escuchó a Doggett pedir ayuda para ella. En otras circunstancias se hubiera negado a que la atendieran, sólo tenía algunas contusiones, pero ahora había una persona creciendo dentro de su vientre por quien preocuparse. Necesitaba saber que no había sufrido algún daño.
En cuestión de segundos, una enfermera junto con Doggett la ayudaron a subirse a una camilla y la llevaron a una sala de revisión. Al notar las intenciones de Doggett de quedarse en el cuarto le pidió a la enfermera quedarse a solas con ella. No quería que nadie escuchara lo que necesitaba confiarle.
- Tengo que contarle algo, pero necesito que lo mantenga en secreto. No quiero que ninguna de las personas que están afuera esperándome, se entere de esto - La enfermera asintió, intrigada.
- De acuerdo, dígame lo que es - respondió acercándose un paso hacia la camilla, donde Scully estaba recostada.
- Estoy embarazada, y quiero que examinen a mi bebé para saber que está bien. Pero nadie debe enterarse de esto, por favor, en especial el hombre que me acompañó hasta acá - Scully se llevó una mano a la mejilla, limpiándose las lágrimas que seguían cayendo, a pesar de que ya se había calmado. Al mirarse la mano vio las manchas de sangre y no pudo evitar sentir un escalofrío.
- ¿Cuánto tiempo tiene de embarazo? - preguntó la enfermera con preocupación.
- Siete semanas - contestó Scully con la voz a punto de quebrarse. Contuvo el aliento para no derrumbarse de nuevo. La enfermera, sintiendo su angustia, apoyó una mano sobre su brazo para tranquilizarla.
- No se preocupe. El doctor le realizará todas las pruebas necesarias para cerciorarse de que su bebé está bien. Estoy segura de que querrá hacerle una ecografía - le informó algo que Scully ya sabía - Pero lo más probable es que tenga que quedarse unos días internada. Sé que desea que nadie se entere de su estado, pero ¿no hay nadie con quien pueda hablar de ello? ¿Alguien que esté enterado de lo que le ocurre? Va a necesitar de alguien que la ayude cuando salga de aquí - La enfermera pudo darse cuenta que la mujer estaba bastante sola y sintió lástima por ella. Se había enterado de que era una agente del FBI, y por ello tenía sentido que fuera reservada con su embarazo, pero más que recelos parecía miedo. Esta mujer estaba sufriendo muy profundamente.
- Hay un hombre, Walter Skinner. Él es el único que está enterado de mi embarazo - Respondió Scully - Debe estar aquí en el hospital. También es un agente del FBI -
- De acuerdo. Preguntaré por él a su compañero que está esperándola afuera. Aparte de él ¿Hay algún familiar a quien pueda llamar? - Scully pensó en su madre. Había intentado hablar con ella por teléfono hacía dos noches, pero no la había encontrado. No quería molestarla, haciéndola viajar hasta Arizona, pero realmente la necesitaba.
- ¿Cree que podría comunicarse con mi madre y pedirle que venga? -
- Claro - contestó la enfermera con una sonrisa amable - Sólo dígame el número y yo me encargaré de llamarla - Scully hizo una mueca de agradecimiento y le dio el número. La enfermera le dijo que en un momento el doctor vendría a atenderla y después la dejó sola. Scully colocó las dos manos sobre su vientre y cerrando los ojos, pidió en silencio que su bebé estuviera bien. Este bebé también era parte de Mulder, y no soportaría perderlos a los dos.
***
El doctor se hizo cargo primero de las heridas de su rostro, retirando las esquirlas de vidrio que se habían incrustado en su piel y luego limpiando las heridas. Después mandó a que le realizaran una tomografía cerebral para descartar un traumatismo encéfalo craneano y por último le hicieron una ecografía de su vientre. La prueba resultó bien, pero tendría que quedarse algunos días en el hospital para que pudieran monitorear al bebé por un tiempo, hasta asegurarse por completo que no había ningún problema con su embarazo.
Tras someterla a todos estos exámenes, la instalaron en una habitación, donde durmió hasta que sintió que ponían algo en sus manos. Al abrir los ojos, descubrió una tarjeta de recupérate pronto en su mano, y cuando levantó la mirada hacia su derecha, se encontró con el rostro que menos deseaba ver.
John Doggett inició la conversación con una frase poco alentadora sobre que lo importante no era quien ganara o quien perdiera la pelea, sino quien se llevara la peor paliza. Si intentó ser gracioso para romper un poco el hielo, Scully no le encontró la gracia. Luego el agente se mostró intrigado por el tiempo que tendría que quedarse internada, pero ese era un tema que Scully no discutiría con él. Sólo le respondió que necesitaban hacerle una pruebas, lo cual pareció dejarlo satisfecho. También la actualizó sobre la situación de Skinner y el niño Gibson Praise. Scully se había enterado hacía una hora que el hombre que la había atacado a ella, también había dejado malherido a Skinner antes de adoptar su apariencia.
- ¿Qué está haciendo aquí, Agente Doggett? - preguntó finalmente Scully,
- Manteniéndola al tanto del caso -
- Ese no es su trabajo – respondió ella a la defensiva.
- De hecho, si lo es - contestó el agente, confundiendo aún más a Scully - Y oficialmente… - él se levantó de la silla antes de terminar la frase - Estoy asignado a “Los Expedientes Secretos X” - Scully abrió la boca sorprendida. La noticia explotó como una bomba dentro de ella, dejándola sin palabras. Doggett miró hacia abajo consciente de que la novedad no le había sentado bien a su nueva compañera. Luego empezó a caminar hacia la puerta, pero antes de irse se volteó de nuevo hacia Scully, cuyo rostro continuaba siendo de incredulidad.
- Sin importar las diferencias que existan entre usted y yo, lo voy a encontrar, Agente Scully - Y tras decir eso, salió de la habitación.
Scully cerró los ojos con fuerza mientras apretaba las manos en forma de puños. Esta vez lágrimas de rabia empezaron a escapar de sus ojos. No podía creer que le estuvieran haciendo esto. Doggett parecía ser el hijo predilecto de Alvin Kersh; El jefe de ella y Mulder que siempre los había odiado, y que ahora asignaba a Doggett como su compañero para frenarla, para mantener en todo momento informado a Kersh sobre cada paso que diera, para evitar que encontrara a Mulder. Estaba segura de ello. Como le había comentado a Skinner dos días atrás, tenía el presentimiento de que Kersh estaría más contento si es que nunca encontraban a Mulder.
En un arrebato de ira, arrojó la tarjeta de Doggett al suelo y luego con furia se secó las lágrimas. Sin querer se rozó la herida junto a su ojo izquierdo e hizo una mueca de dolor. Podía lamentarse y permitirse llorar ahora, pero sabía que tendría que ser el doble de fuerte cuando volviera a trabajar. Doggett podría aprovecharse de cualquier muestra de debilidad suya para hacerla cometer un error e ir corriendo a contárselo a Kersh. En ese momento se hizo la promesa de que Doggett sería el primero en sentirse intimidado y solicitar su cambio de área. Sabía que él no duraría tanto tiempo mirando directo a los ojos de lo paranormal con la mente tan cerrada que tenía.
Y también se prometió que mantendría su embarazo en el más estricto secreto. Si alguien descubría su estado estaba segura de que lo usarían como impedimento para que siguiera buscando a Mulder.
***
La siguiente vez que se despertó lo hizo al sentir la mano de alguien en su cabeza. Mulder solía acariciarla de esa manera, y por un instante no pudo evitar imaginar que era él quien había venido a visitarla. Abrió los ojos con la irrisoria ilusión de encontrarse con sus ojos verdes oscuros mirándola con ternura, pero en su lugar se encontró con unos de color azul intenso llenos de amor y de preocupación. Sin darle tiempo a decirle algo, se lanzó a los brazos de su madre, quien tuvo que sentarse para poder abrazarla mejor. Maggie no sabía más de lo que le había dicho la enfermera sobre la condición de su hija cuando la llamó a media noche. Dana había sufrido algunos golpes en el rostro y la cabeza, pero eso no explicaba el tiempo que la tendrían internada y tampoco por qué lloraba entre sus brazos de la manera tan dolorosa que lo estaba haciendo. A pesar de todas sus interrogantes, decidió dejar las preguntas para después.
Maggie recordaba que la última vez que Dana se había deshecho en lágrimas entre sus brazos había sido tres años antes, también en un cuarto de hospital, mientras luchaba contra el cáncer. Una terrible sensación de temor se instaló en su pecho al pensar que la enfermedad podía haber regresado, sin embargo, logró controlarla hasta el momento en que su hija se tranquilizó y pudo hablarle.
- Cariño, ¿qué ocurre? Me dijeron que estabas en este hospital, que habías sufrido algunos golpes… - sus manos recorrían el rostro magullado de su hija, acariciándola, y a la vez borrando sus lágrimas – pero eso no es todo, ¿verdad? – Scully negó con la cabeza débilmente, mordiéndose el labio inferior, pero no habló aún – Dime ¿es el cáncer? ¿Estás enferma de nuevo? – preguntó Maggie tratando de mantener la voz estable. Scully esta vez negó con firmeza.
- No, no se trata de eso, mamá – Maggie respiró profundo de nuevo, al sentir que la opresión en su pecho desaparecía. Aunque para su mamá era la peor noticia que hubiera podido darle, Scully sabía que podría enfrentar con más fuerza una recaída del cáncer, que aceptar el hecho de no volver a ver a Mulder, pero su madre la conocía tan bien que sobre él fue su siguiente pregunta.
- Entonces, ¿Es Mulder? ¿Algo le ha ocurrido? – Le había parecido extraño no verlo en el pasillo, caminando de un lado a otro como si estuviera encerrado entre cuatro paredes, sintiéndose culpable y preocupado en partes iguales.
- Ellos se lo llevaron – dijo Scully en una voz baja y temblorosa.
- ¿Quién se lo llevó, cariño? – preguntó Maggie, cogiéndola suavemente los hombros. La confundió la elección de palabras de su hija, tan poco esclarecedoras, pero podría decirse que era una experta en guardar secretos. Desde muy joven, Dana se había distinguido por ser una persona muy reservada, y luego ese rasgo de su carácter se agudizó cuando se convirtió en agente del FBI. El colmo de su secretismo llegó cuando le contó sobre su cáncer varios días después de que se lo detectaron. Maggie estaba decidida a no permitir que volviera a ocultarle las cosas más importantes - ¿Quién se lo llevó? – repitió.
- Ellos, mamá – Scully alzó la voz – Los mismos que me llevaron a mi hace años, y luego me produjeron cáncer, los mismos que nos han hecho la vida imposible a Mulder y a mi durante años – Maggie se quedó en silencio durante un momento asimilando la información. Scully no podía imaginarse su reacción si es que le hubiera contado lo que en realidad había pasado, que Mulder había sido secuestrado por una nave extraterrestre para ser estudiado por seres de otro planeta, y no por hombres escondidos dentro de las esferas del gobierno que querían silenciarlos. Esto último su madre podía entenderlo, luego de lo que habían hecho con Dana, pero el tema de abducciones extraterrestres quedaba afuera de los límites de su comprensión.
La siguiente reacción de Maggie fue abrazar a su hija, quien se aferró también fuertemente a su madre. Ahora las dos lloraban. Scully había necesitado tanto a su mamá en los últimos días, que el alivio de tenerla por fin a su lado era grande, pero no mitigaba en nada el dolor que sentía por la desaparición de Mulder. Maggie lloraba al sentir el sufrimiento de su hija tan intenso que hacía eco en ella.
- Lo siento tanto, cariño – susurró con su rostro contraído por la pena. Scully, con los ojos cerrados y respirando hondo, trataba de encontrar algo de calma.
- Hay algo más que tengo que contarte – dijo con una voz más firme, desprendiéndose del abrazo. Scully se hizo esperar mientras intentaba encontrar las palabras adecuadas para darle la noticia. Al final utilizó la frase más simple – Estoy embarazada – Trató de sonar contenta al decirlo y ensayó una sonrisa, pero no resultó muy convincente. Amó al bebé que venía en camino desde el momento en que se enteró, pero era una felicidad mezclada con tristeza, que no le permitía disfrutar de este milagro.
Maggie no supo cómo reaccionar al principio. Esta era una noticia extraordinaria, que debía ser aceptada con alegría y sin desconcierto, pero en su lugar despertaba muchas interrogantes.
- ¿Cómo ocurrió? Se supone que tú no podías… Tú me contaste que… - Scully negó con la cabeza haciendo callar a su madre. Sus ojos brillaban de nuevo con lágrimas, y una de ellas en solitario descendía lentamente por su mejilla.
- No quiero cuestionarme nada por ahora, mamá – dijo - Yo tampoco puedo explicármelo, pero sucedió, y no sé cómo debo sentirme – Scully soltó un sollozo y mostró una sonrisa al mismo tiempo, dejando en claro los dos sentimientos que luchaban por imponerse dentro de ella.
- Deberías sentirse feliz, cariño – contestó su madre atreviéndose a sonreír también, mientras con una mano le acariciaba el cabello – Este es un verdadero milagro, uno que pensaste que nunca ocurriría, y debería llenarte de felicidad -
Maggie recordaba el momento exacto en que su hija le reveló que nunca podría quedar embarazada. Había sido tres años atrás, en una reunión familiar con su hijo Bill y su esposa Tara quien estaba a escasas semanas de dar a luz. Le había parecido extraño ver a su hija distante y poco emocionada con el futuro nacimiento del primer hijo de su hermano, por lo cual tuvo que preguntarle que le ocurría. Fue entonces que Dana le contó que debido a los experimentos a los que la sometieron durante su abducción, nunca podría ser capaz de concebir. Se trató de una noticia devastadora para Maggie. Le rompió el corazón ver a su hija admitiendo que jamás se dio cuenta de lo mucho que quería un hijo hasta que descubrió que no podría tenerlo. Y ahora estaba embarazada. No tenía ningún sentido, pero tampoco debían de intentar encontrarle uno. Debían de tomarlo como lo que era, un milagro. Al menos esa era la explicación que siempre tendría para Maggie, pero no estaba segura que con el tiempo esa respuesta le bastaría a Dana.
Scully sonrió entre lágrimas y buscó de nuevo refugio entre los brazos de su madre, apoyando la cabeza sobre su pecho.
- Necesito encontrarlo – susurró.
- Mulder es el padre ¿verdad? – preguntó Margaret con suavidad. Scully tragó con fuerza, intentando controlar sus emociones, pero permaneció en silencio. – Perdóname por preguntarlo, cariño, pero tú siempre eres tan reservada. A veces me gustaría que no te guardaras tantas cosas para ti sola. Soy tu madre – Scully no se molestó por su reproche, al fin y al cabo tenía razón. Su madre desconocía mucha de las cosas que le habían ocurrido en los últimos años, pero lo hacía para no preocuparla. A veces sólo acudía a Maggie cuando la situación se había vuelto muy grave, o en otras ocasiones terminaba enterándose por terceros.
- Mulder y yo estamos juntos desde hace unos meses – cedió Scully y Maggie sonrió por esa pequeña admisión, aunque decidió no presionarla para que le contara mas. Después tendrían tiempo para una conversación más larga. Por ahora, sólo necesitaba de su consuelo.
- Vas a encontrarlo, cariño. Sé lo fuerte que es Mulder, y sé cuán fuerte eres tú también. No te vas a dar por vencida hasta encontrarlo, y al final lo harás – Scully la abrazó más fuerte, fortaleciéndose con sus palabras. Maggie pudo haberlas dicho sólo con la intención de consolarla, pero a su hija le sirvieron igual. Le inyectaron fuerza, y por primera vez desde que se llevaron a Mulder en aquel bosque, se atrevió a creer que no lo había perdido aún.
***
FIN
***

13/10/11
sra_delfantasmal
 
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