Delirio

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Delirio

Notapor sra_delfantasmal » Mié Sep 22, 2010 9:18 am

Delirio

Autor: Señora del Fantasmal (pipermaru)

Disclaimer. Los personajes presentados son propiedad de la FOX, de la 1013, y de su creador Chris Carter.

Tipo: UST, Angst

Spoilers: Anasazi

Feedback: Por favor, mándenme sus opiniones a sra_delfantasmal@hotmail.com, en el espacio debajo del fanfic o por medio de los mensajes privados.

Nota: Este relato llena una de las escenas perdidas de Anasazi


***

Dana Scully escuchó el timbre de su apartamento y corrió a abrir la puerta. Sabia quien la esperaba al otro lado de la puerta, por lo que no se molestó en ver primero por la mirilla. Lo estaba esperando desde que la llamó hacia dos horas para contarle que habían asesinado a su padre. Él no era culpable por lo ocurrido, pero Scully le había pedido que saliera de la casa de su padre y viniera a su apartamento. Parecía que estaba huyendo de la escena del crimen, pero por el momento era lo mas inteligente que podían hacer. Ella acababa de descubrir que habían estado manteniéndolo drogado a través del agua de la cisterna que abastecía a su apartamento, por lo cual su comportamiento se había tornado muy violento en los últimos días, haciendo fácil que pudieran acusarlo por la muerte de su padre. En orden para prevenir esto, ella tenía que esconderlo por unas horas hasta que consiguiera la prueba que lo exculpara totalmente.

Al abrir la puerta, Mulder prácticamente cayó sobre ella, obligándola a sostenerlo para que no resbalaran ambos al suelo. Aún sin tomarle la temperatura, Scully se dio cuenta que tenía una fiebre de cuarenta grados. Le bastó con rozarle la cara con los dedos para sentir lo caliente que estaba. Mareado y confundido, Mulder se sentó en la silla que estaba junto a la puerta, pero ella hizo que se levantara.

- Tenemos que encontrarlo, Scully - murmuró mientras ella le quitaba la casaca y miraba perturbada su camisa manchada de sangre. Tratando de permanecer calmada, lo guió hasta la cama y lo ayudó a echarse. Salió del cuarto por unos segundos, y cuando regresó lo encontró sentado sobre la cama y diciendo algo sobre encontrar al asesino de su padre.

- En este momento necesitas descansar, ¿de acuerdo? - le dijo mientras volvía a recostarlo sobre la cama. Puso un paño húmedo en su frente y le susurró que estaría bien, pero en medio de su delirio era incapaz de quedarse tranquilo, y siguió repitiendo que debían encontrar a quien había asesinado a su padre. Averiguar esto era importante para ella también, pero por el momento su mayor preocupación era otra, por lo que lo ignoraba, contestándole sólo que debía descansar y que estaría bien.

Scully fue al baño por el termómetro que guardaba en el gabinete y regresó al lado de su compañero. Cuando él trató de hablar con el pequeño instrumento dentro de su boca, Scully le ordenó con suavidad que no hablara. Él no estaba siendo si mismo en ese momento y continuó balbuceando palabras, por lo que Scully presionó con firmeza su barbilla hacia arriba para que mantuviera la boca cerrada. Algunas lágrimas empezaron a salir por el borde de sus ojos, haciéndola llorar a ella también. Su compañero no sólo estaba sufriendo físicamente sino emocionalmente, y eso era lo que mas le dolía a Scully, sin embargo, no podía mostrarse débil, por lo que trató de controlarse mientras secaba las lágrimas de Mulder con sus pulgares.

Transcurrieron un par de minutos mas antes de poder retirar el termómetro y comprobar que su fiebre llegaba a los cuarenta grados. Dejó el instrumento de medida en la mesa de noche, y después remojó el paño que había puesto sobre la frente de su compañero en un recipiente con agua fría. En ningún momento había parado de emitir sonidos bajos y reconfortantes para lograr calmarlo.

- Yo no maté a mi padre, Scully. Yo no lo hice… - murmuró Mulder angustiado, fijando la mirada en el rostro de su compañera. Por un instante pareció recuperar un poco de lucidez, pero luego volvió a los balbuceos y sollozos.

- Shhh… Lo sé, lo sé. No te preocupes por eso ahora. Tienes que descansar - dijo ella mientras con una mano le acariciaba el cabello y con la otra presionaba el paño frío contra su frente hirviendo.

Mulder cerró los ojos haciéndole creer a Scully que por fin se dormiría, pero no duró mucho tiempo así. Los volvió a abrir unos minutos mas tarde y se quedó observando a Scully, quien a cada momento reacomodaba el paño sobre su frente.

- Tengo que quitarte la ropa, Mulder -

- No… Tengo frío - Fue la débil protesta que recibió de su compañero, en lugar del comentario con sarcasmo que hubiera esperado en una situación diferente.

- Tengo que quitártela para que te baje mas rápido la fiebre. Te sentirás mejor en un rato - Hizo una pausa - Te lo prometo - Mulder no respondió, sólo cerró los ojos, y Scully interpretó esta acción como un permiso para que ella procediera. El hecho de que Mulder no tratara de rebelarse, la preocupó mas que cualquier otra cosa, pero no se distrajo con ese pensamiento.

Sin inmutarse por la intimidad que estaba a punto de generar entre los dos - era doctora en medicina y estaba preparada para que no la afectaran este tipo de situaciones - le quitó las botas, los jeans y la camiseta, dejándolo sólo con sus boxers color plomizo. Luego hizo que se levantara levemente de la cama para poder retirar la sábana y taparlo con ella.

Las atenciones ayudaron a que Mulder se serenara, y poco a poco se fue quedando dormido. La fiebre seguía siendo alta, pero al menos ya no le incomodaba tanto como antes, permitiéndole relajarse. Scully se quedó unos minutos mas sentada a su lado, viéndolo dormir. El paño que cubría su frente había vuelto a calentarse por lo que lo retiró y lo introdujo en el recipiente lleno de agua.

Conforme con que Mulder estuviera descansando y que la fiebre estuviera bajando paulatinamente, apagó las luces de su habitación y fue a la cocina. Se sirvió una taza de café y llevó una silla hasta su cuarto. Se sentó y observó dormir a su compañero, mientras bebía su café. Planeaba quedarse despierta esa noche. Un fuerte narcótico aún corría por el sistema sanguíneo de Mulder, impidiendo que pensara claramente, y Scully temía que si no lo vigilaba, él podría despertar durante la noche e irse de su casa.

Mulder empezó a moverse inquieto en la cama, y Scully, dándose cuenta que se trataba del inicio de una pesadilla, se acercó y le cogió una mano. Aún en sueños, su compañero le devolvió un pequeño apretón, como si supiera que era ella quien venía a rescatarlo, y volvió a sumergirse en un sueño tranquilo.

Sin soltar su mano, Scully arrastró la silla hasta casi no dejar espacio entre la silla y la cama, sólo el suficiente para que entraran sus piernas. Él estaba durmiendo mas profundamente. Scully tocó su frente y se dio cuenta con alivio que la fiebre estaba cediendo. Todavía se sentía caliente, pero al menos ya no quemaba al tacto.

Con el consuelo de saber que físicamente Mulder estaba mejorando, trató de relajarse apoyándose totalmente en el respaldar de la silla y recordó hacía varias horas atrás, cuando en el apartamento de su compañero, él le comentó que se sentía afiebrado. Mulder había estado actuando de forma muy extraña desde la mañana, e incluso agredió sin ningún motivo a Skinner, por lo cual lo sancionaron enviándolo de regreso a su apartamento. Scully estaba tan ofuscada con él por su comportamiento violento que no prestó atención a su comentario sobre que se sentía enfermo. De haberlo escuchado, seguramente no hubiera podido impedir la muerte de su padre, pero no estaría tan enfermo esa noche. Se reprochó por unos minutos, pero luego, dándose cuenta que no servía de nada castigarse de esa manera, decidió enfocar su mente hacia otro problema.

En lo que debía de pensar era en una forma de probar que Mulder no había cometido el asesinato, y lo único que se le ocurría era llevar su pistola a la sección de balística de Quántico para comprobar que ninguna bala había sido disparada de su arma en la ultimas horas. Probablemente le disgustaría a Mulder, pero cabía la posibilidad de que no se diera cuenta. Estaba tan debilitado por la falta de sueño de los últimos días y la fiebre, que dormiría hasta el medio día. Ella tendría el tiempo necesario para llevar a revisar el arma a primera hora de la mañana, y regresar antes de que Mulder la descubriera. No le agradaba tener que ocultarle algo así, sin embargo, no encontraba otra manera de poder salvarlo.

Mirándolo descansar en una casa que no era la suya, con ese aire infantil inundando su rostro, dependiendo del contacto con su mano para poder dormir tranquilo, se reafirmo a si misma lo que ya sabía desde hacía unos meses: La única manera en que podrían acabar con ese hombre era matándola a ella primero. Eso lo podía jurar.


FIN


22/09/2010
sra_delfantasmal
 
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