The X Files | ARCHIVO


Gillian revela todo

Por Nigel Farndale
Publicado originalmente en Telegraph el 4 de mayo, 2009
Traducción: Juan Cárdenas

La primera sorpresa es el acento de Gillian Anderson. Había escuchado sobre cómo puede cambiar de acento inglés a americano tan suavemente como la seda pasa por los dedos. En efecto, investigando, la he visto siendo entrevistada por Jay Leno (de quien ella adoptó un acento americano, y Michael Parkinson (inglés). Incluso sé cómo y porqué hace esto –ella vivió aquí hasta los once años, se mudó allá hasta los treinta y cinco, entonces, hace cinco años, regresó aquí. Aun así, nada te prepara para sentarte junto a la Agente Especial del FBI Dana Scully y escuchar a una chica del Cheltenham Ladies’ College.

La segunda sorpresa es lo despreocupada que es. Tiene una risa ligera y susurrante, tal como su voz, y una manera amigable que inspira confianza, de nuevo contrastando con la escéptica y sin sentido del humor Scully. Esta astucia también es inesperada porque su relación con la prensa no siempre ha sido cordial –los paparazzi en Los Angeles solían embestir su auto a propósito para que ella tuviera que salir e intercambiar detalles de su seguro. Y ahí está ella, sentada en un bar de Londres a las ocho de la noche contándome a qué escuela va su hija de catorce años, cómo ha disfrutado tomar el autobús para ir a ensayar su nueva obra y, cómo tuvo que disuadir a su pareja para que tuviera sexo con ella. En serio.

También tengo que describirla. Es mucho más baja de lo que se imaginan, 1.62 metros, y sin embargo no se ve corta en proporción. Tiene ojos ligeramente tristes, un lunar sobre su carnoso labio superior (que solían tapar en The X Files) y un tatuaje en la parte interior de su muñeca, letras asiáticas que tienen algo que ver con yoga. Con su largo y rubio cabello cayendo en su top negro (también lleva una falda negra y medias botas negras sobre las que se sienta), se ve inmaculada – llevo media pinta de cerveza Guinness.

No adivinarían que tiene cuarenta y es madre de tres, el menor con seis meses de edad. Y dice que las otras madres en el parque no se sienten intimidadas por su apariencia sino más bien horrorizadas por lo zarrapastrosa que es. “Me miran como diciendo ‘¿qué no tiene espejos en su casa’”. Sí, cómo no. Debería mencionar también algo sobre su trabajo, o más bien su reinvención de una glamorosa estrella de un inmensamente popular show de televisión sobre raptos extraterrestres, a una respetadísima actriz de teatro y cine.

Aunque regresó a la televisión en una actuación nominada al BAFTA en la serie de la BBC Bleak House, también ha discriminado en su selección de papeles para cine, favoreciendo los inteligentes y con estilo, como A Cock and Bull Story y The Last King of Scotland, sobre los comerciales.

Los ensayos, por cierto, son para A Doll’s House, de Ibsen. Anderson interpreta el papel principal, Nora; una mujer que deja a su esposo e hijos después de que despierta su conciencia feminista (cuando se estrenó, en 1879, causó un gran escándalo). Aunque no puede empatizar con ese aspecto de la obra, dice apreciar los argumentos feministas y entiende la travesía que Nora inicia. Además sabe lo que se siente ser menospreciada y objetivada por los hombres (como Nora), y conoce, además, todas las responsabilidades de la maternidad.

Su primera hija la tuvo con su primer esposo. Se divorció, se volvió a casar y se divorció dieciséis meses después. Sus dos hijos menores los tuvo con su pareja actual, el empresario inglés Mark Griffiths (hizo su fortuna trabajando en estacionamientos y el negocio de trampas para autos). Antes de vernos, tuvo una pelea de voluntades con su hijo de dos años y medio, Oscar, que no quería comer su cena. Y gracias a Félix, su hijo de seis meses, estuvo despierta, como de costumbre, hasta las cinco y media de la mañana.

“Se despierta tres veces en la noche y una vez que lo he calmado, es más o menos la hora de tener listo el desayuno para Oscar. Solía hacer mucho yoga pero creo que ya no tengo tiempo. Pensarías que podría ejercitarme una hora, pero no. No quiero robarle al tiempo que paso con mis hijos. Luego tengo que salir de casa a las nueve y cuarto para llegar al ensayo a las diez.” Una pausa. “Cuando empiezo a trabajar en una obra me comporto como si fuera a caerme del límite de la tierra. A veces mi corazón se detiene. Es absolutamente terrorífico. Es una gran obra y estoy en cada escena excepto una.”

Mantiene altos sus niveles de energía tomando una siesta a la hora del almuerzo. “Solía encontrar imposible dormir durante el día pero… Nunca había hecho una obra teniendo niños pequeños. Sí filmé muy pronto después de mi primera hija, diez días después de la cesárea, cinco días después de regresar a casa del hospital. Suena loco pero en ese momento pensé ‘Ok, esta es mi penitencia por haberme embarazado cuando han invertido tanto en el programa y en mí’”.

Eso fue en 1994 cuando The X Files apenas había completado su primera temporada. Ella cree que de no haber sido por la química entre ella y su co estelar David Duchovny, habría sido despedida. “Les hubiera encantado castigarme pero se dieron cuenta de que había vapor. Creía que exageraban, pero ahora lo puedo ver desde su perspectiva. Yo habría estado muy encabronada de haber sido ellos y hubiera escogido a una chica, contra mi primer instinto, que se embarazara después de la primera temporada.”

Les dieron la luz verde para la obra en febrero pasado. “Decidí que quería embarazarme en febrero… ¡Oh Dios mío, había olvidado esto! Acababa de regresar de India y de inmediato iba a filmar la película de The X Files. Sabía que quería tener el bebé en determinada fecha porque había otra película que quería hacer después. Sí, así que el tiempo perfecto era febrero y…”. Se pone la mano sobre la boca. “Fui muy suertuda, pero también estaba decidida porque no quería tener muchas náuseas al terminar Expedientes X. Y calculé la cantidad de tiempo que me tomó ponerme muy grande la última vez”. Así que no es una obsesiva del control. “Oh, por Dios, lo soy, ¿verdad?”, se ríe. “Los dos primeros no fueron planeados”.

¿Ella y su pareja sincronizaron diarios cuando estaba ovulando? “No del todo, pero es un trabajo duro cuando decides planificarlo, puede llegar a ser muy antiromántico, especialmente cundo trabajas dieciséis horas al día. Llegas a las tres de la mañana y dices ‘Está bien, tenemos que hacerlo ahora’, ¡pero son las tres de la mañana; luego despiertas y es ¿qué, otra vez, antes de ir a trabajar? Oh, no’”.

Habiendo tenido una niñez extravagante, con todas las inseguridades inherentes, ¿se preocupa de que a sus niños les pase lo mismo? “Me mudé mucho para la universidad y el trabajo, pero nunca creí que fuera algo negativo. Pensaba en lo suertuda que fui al haber tenido mis años formativos creciendo en Londres. Muchos estadounidenses nunca ponen un pie fuera de su país, puede ser un país demasiado centrado en sí mismo”.

Gillian Anderson nació en Chicago y, en general, se siente más estadounidense que británica. “Pero incluso en el teléfono mi acento cambia. Parte de mí desea que pudiera controlarlo, pero no puedo. Simplemente cambio de uno al otro. Cuando me mudé a los Estados Unidos intenté aferrarme a mi acento británico porque me hacía diferente”.
Uno presume que para entonces ya era notada por su aspecto. ¿No era eso diferencia suficiente? “No en mi adolescencia. Era o una nerd o… nunca pensé en la ropa hasta que tuve quince años, cuando teñí mi cabello y usé zapatos rojos y puntiagudos para ser diferente. Nunca fui la chica bonita. Siempre estaba en algún lugar al fondo”

¿Entonces hasta cuando empezó a sentirse cómoda respecto a su aspecto? “Fue hasta la sexta temporada de The X Files, cuando una persona nueva de peinado dijo ‘¿estás segura de que quieres lucir así?’, y le pregunté ¿qué tiene de malo?’, ella dijo que necesitábamos alisar mi cabello, que me veía sin gracia. Los trajes pastel, los trajes a cuadros, los horribles peinados. Nunca había pensado en ello. Pasar de eso a portadas de revistas no tenía sentido para mí. En mis veintes y treintas sólo pensaba “Realmente estoy esforzándome, ¿cuándo me van a descubrir? No soy lo suficientemente buena”. Todas esas cosas que te hacen menos. Recuerdo una sesión de fotos para la revista Jane, con la autoestima muy baja, demasiado auto crítica que no era capaz de salir de mí misma y unirme a todo eso. El año pasado me encontré con esta sesión de  fotos y vi a una joven muy linda con cabello corto y cuerpo tonificado y delgada y recuerdo que entonces creí que era demasiado gorda, me torturaba. Y ahí estaban esas adorables fotos, pensé “cuánto tiempo de mi vida he perdido golpeándome por cómo luzco”.

En 1996 hizo una portada para la revista FHM que resultó ser algo así como un hito en el mercado de las revistas para hombres. El editor tuvo la idea de tener en la portada a una mujer cerebral posando provocativamente en la portada. Las ventas rompieron todos los récords y la estrategia ha sido muy imitada desde entonces. Cuando le comento de este “factor Gillian Anderson”, le resulta nuevo. “¿En serio?, ahora que tengo cuarenta es bueno oír eso, recuerdo haber hecho esa primera entrevista para FHM – estaba en Vancouver usando pijama de franela con estampado de vaqueros. Mi cabello era un desorden y no me sentía sexy en absoluto, me sentía exhausta, mi hija estaba en el piso de abajo y me estaban platicando el objeto sexual que era. Estallé en risas. Fue extraño; ahora puedo verle el lado divertido, pero parte de mí, el lado feminista, se preocupó de cómo podría justificarlo.”

“En mis años de juventud fui muy ingenua. Hice demasiadas sesiones de fotos. Probablemente no debí hacerlo porque eran vergonzosas o de mal gusto. Me costó mucho tiempo retroceder y decir ‘eso no se sintió bien, no tenía idea de que tenía el poder de escoger’. El año de aquella primera sesión para FHM, los lectores la votaron “La Mujer más Sexy del Mundo”. Pero esto también condujo a inseguridad y a una necesidad de volver a ganar confianza. “Siempre me preguntaban cómo obtuve el trabajo. Fox Televisión quería  a una rubia bustona y piernona pero me tenían a mí. Nunca pensé en ello hasta ese momento, pero debió ser agregado a esta sensación de haber sido descubierta”.

Le pregunto sobre la ocasión en que presionó cuando descubrió que el salario de su co-estelar masculino en The X Files doblaba el suyo. “Tenía sentido al principio porque él había sido escogido primero y ya tenía experiencia mientras que yo fui sacada de la oscuridad. Además ganaba más dinero que mis padres o más del que había visto en nuestras vidas. (Su padre trabajó en la industria fílmica en el lado de la producción y edición). Así que sentí que tenía mucha suerte, pero después de tres años pensé ‘¿saben qué? Esto ya no está funcionado para mí’. Me dí mi lugar y la brecha entre nuestra paga ya era menor. ¿Fue sexismo? Quizás. Es como el modo en qué éramos dirigidos por los estudios, me decían que debía caminar detrás de él, nunca a su lado. Digo, eso es jodidamente valioso cuando ahora pienso en ello. Cuando salíamos del carro y caminábamos a la casa tenía que caminar detrás de él, aunque tuviéramos diálogos igual de importantes”.

También dice que cree que no se permitió disfrutar la fama tanto como debió hacerlo. “Durante los primeros cinco años de la serie filmábamos en Vancouver y raramente iba a Los Angeles. En realidad no conocía a nadie. El primer año me casé con un canadiense y tuvimos una hija. Si las cosas hubieran sucedido diferente, habría ido a las fiestas de moda en Los Angeles, habría tenido una vida diferente. Pero no fue así, tuve una vida responsable bastante rápido, y mi única prioridad cuando no estaba trabajando era hacer tiempo para estar con mi niña. Me volví enormemente controladora y anal. Todo mi tiempo libre lo gastaba haciendo ejercicio, pintando nuestra casa, o estando con mi hija”.

¿El tiempo que pasaba con su hija era relajante? “No, era bastante intenso. Cada que estábamos juntas mi cerebro iba a miles de kilómetros en otras direcciones. Me entrenó para estar vigilante en mis tiempos malos. Todavía tengo dificultad para… todos en mi vida…” Divaga. “Es una broma. Tengo que esforzarme mucho para estar relajada”.

¿Habrá aspectos de su carácter que la vuelvan una persona con la que resulte difícil vivir, aún cuando no estuvieran las exigencias de su trabajo? “Oh, sí, estoy segura, puedo identificar cada una, sí, podría hacer una larga lista de las cosas que hacen que resulte difícil vivir conmigo”.

Se ha descrito a sí misma como una adolescente enojada, que se perforó la nariz, tenía un peinado mohicano, y fue votada como la alumna “Con Más Probabilidades de ser Arrestada” por sus compañeros de clase de la preparatoria. Eso fue provocado por su regreso a los Estados Unidos, lo cual la hizo sentirse sola y como si fuera la extraña. También creó una sensación de inestabilidad, como si nada en su vida fuera de fiar. Comenzó a ver a un terapeuta y ha continuado viéndolos a lo largo de su vida. “Sí, todavía veo a un terapeuta. No tan regularmente como lo hacía, pero sí. Encuentro esencial tener a alguien que no esté interesado en decir lo correcto, alguien que sea directo y honesto conmigo sobre su percepción de mi comportamiento. De otro modo solamente me basaría en la opinión que tengo de mí misma, o lo que diga mi pareja, y eso sería demasiado cercano al hogar, especialmente si dijera cosas que resulten hirientes”

Cree que las raíces de su ansiedad se encuentran en su niñez. “Hay patrones en mi vida, aspectos de mi personalidad que aún siguen ahí y estaban cuando era niña, mi madre siempre decía que era decidida y resuelta. No había compromiso de mi parte, ella se sentía sin poder como madre”

¿O sea? “Creo que nunca necesité aprobación paternal. Quiero hacer esto ahora y lo voy a hacer. Mi madre dice que no sabe de dónde saqué esta actitud, esta idea de que podía hacer cualquier cosa si me lo proponía. Ahora soy más consciente de mi propia falibilidad. Cuando tenía dieciséis dirigí una obra y quería hacerlo todo, desde la iluminación hasta diseñar el programa. Ahora estoy en una obra y me cago de miedo. Me digo que todo estará bien y mi cerebro comienza a preguntar ‘¿pero que tal que no está bien, ¿qué tal que te quedas en blanco en el escenario? Después de todo, tengo cuarenta años. ¿Las líneas seguirán ahí, que tal que pierdo la memoria?’ Tengo sueños de ansiedad donde me presento para la primera noche de una obra y no he estado en ninguno de los ensayos. Siento como si no estuviera lo suficientemente preparada”.

Caray… pero es comprensible. Ha tenido ataques de pánico durante obras de teatro, y una vez casi se sale del escenario en el Royal Court. Sin embargo parece atraída hacia lo que le da más miedo. Infructuosamente, busca alguna madera para tocar porque ha dicho que todo irá bien con la obra. “¡Joder! Debe haber alguna madera que pueda tocar… madera… tocar”. Sus manos aletean como pájaros enjaulados hasta que encuentra el borde de madera de una ventana. “Perdón”, dice aliviada, “tocar madera es algo importante para mí”.

© 2017 QuieroCreer
La mayoría de las fotos, personajes e historias son propiedad intelectual exclusiva de la Twentieh Century Fox Film Corporation [http://www.thexfiles.com], por lo que este sitio no es oficial y pretende ser un homenaje de fans al programa de THE X-FILES.